Vacaciones y casa
Una de las razones por la que las vacaciones me encantan es porque puedo sacar tiempo para esas pequeñas cosas que, por lo que sea (pereza sobre todo), no hago en período laboral. Una de ellas es dedicarle tiempo a mi casa.
Pero es algo que voy a cambiar en el futuro. Estos días me siento especialmente bien de ánimo y creo que ponerme a colgar cuadros, reconvertir el "trastero" en una habitación bonita, dedicarme a comer en casa y a disfrutar de un buen vino, y limpiar hasta poder verme reflejado en el suelo, ha tenido algo que ver. Mi casa ahora me gusta muchísimo más.
No me había dado cuenta de lo importante que es tener un espacio donde uno se sienta a gusto. Habitualmente soy una persona desordenada. Y en ocasiones guardo un cierto orden dentro del desorden. Pero por desidia las cartas se apilan en la mesa, las pelusas se apilan debajo de la mesa, donde es chungo llegar con la escoba, y los cacharros se apilan en el fregadero hasta que me doy cuenta de que no tengo vajilla para comer, y entonces toca tarde de fregado intenso, con lo cual, un coñazo.
Pero tener vacaciones me ha dado la oportunidad de ir poquito a poco, sin prisa, habitación por habitación. Y me gusta el resultado. Además creo que me voy a mudar de habitación. Tener dos habitaciones con sendas camas de matrimonio para mí sólo es genial. Tener una casa así para mí sólo es genial. Ya era hora de que le hiciera un poco de caso.
Oh, acabo de ver mi guitarra. Hasta luego.
domingo, junio 26, 2005
martes, junio 07, 2005
Globos
Por extraños derroteros mi mente se ha puesto a pensar en los globos. Me encantan los globos. Hasta la misma palabra me resulta atractiva: globo. Suena a algo blandito y bonito con lo que puedes jugar.
Recuerdo que, a pesar de que siempre me han gustado, cuando era pequeño me sentía algo frustrado con los que tenía: aprendí en seguida a hincharlos, pero nunca conseguí atarlos (mi madre, eterna paciencia, era quien me los solía atar para que no se saliera el aire); aparte yo veía siempre en las series de dibujos animados y en los tebeos que los globos que llevaban los niños siempre iban más altos que ellos, flotando, y los llevaban sujetos de una cuerdecita para que no salieran volando. Y yo nunca conseguí que los que yo hinchaba hicieran lo mismo; siempre terminaban cayendo al suelo por muy alto que los lanzase. Probé con muchos hilos distintos pero nada. Recuerdo que me entristecía, pero luego los miraba, apoyados en el suelo donde habían caido, e iba a por ellos a cogerlos y a abrazarlos. No importaba que no volaran, eran mis globos y eran muy bonitos. Eran los mejores globos del mundo.
Más tarde descubrí en el parque de atracciones unos globos que sí se comportaban como los de los dibujos animados. Pero no me gustaban tanto. Eran bonitos; mucho. Tenían todo tipo de formas y tamaños. Pero... no era lo mismo. Siempre preferí los clásicos globos que me vendían en bolsas de 25 en la tienda donde compraba regaliz rojo (el negro no me gustaba).
Aparte al final de la tarde estaba harto de ir sujetando el globo y cargaba con él a mis padres.
Después de algunas experiencias con aquellos coloridos juguetes que parecían hechos de papel albal, me reconcilié con mis humildes globos hinchados con el aire de mis pulmones. Si ya lo sabía yo: eran los mejores.
Luego descubrí los globos de agua pero no me gustaban demasiado al principio: me daba pena que se rompieran, tan pequeñitos ellos, tan majos. Pero luego descubrí que era muy divertido empaparse hasta la la última célula jugando con los amigos y las dudas morales acerca de los globos de agua desaparecieron sin dejar rastro.
Y, por último, descubrí los inmensos globos aerostáticos de vivos colores y contorno inmenso. Además recuerdo perfectamente el día en que sucedió: era por la tarde; yo era aun pequeño e íbamos paseando por el parque del Retiro, cerquita de la Rosaleda. Y en el paseo, justo al lado del inmenso pino que lo domina, había un globo enorme. Me quedé extasiado: era el objeto móvil más grande que nunca había visto. Parecía que tenía vida propia y que dentro tenía una gran corazón que latía al son de ese misterioso chorro de fuego que salía de un aparato negro suspendido por encima de la barquilla de mimbre. Al principio me asusté un poco, pero la fascinación pudo más. Podría haberme quedado mirando aquel inmenso ente durante horas y horas. De hecho recuerdo que nos quedamos un rato largo, hasta que mis padres consiguieron despegarme de allí.
Quiero montar en globo. No me acordaba, pero quiero montar en globo. Apuntado queda como uno de los planes para este verano sin planes.
Y para terminar, una cita, cortesía de Neil Gaiman:
"Bueno, he tenido una mierda de vida. Pero vengo aquí y pienso que si hay un díos que puede hacer estas puestas de sol, hay que confiar en ese viejo hijo de puta ¿verdad?"
Publicado por Earendil en 6/07/2005 08:07:00 a. m. 0 comentarios
lunes, junio 06, 2005
Tenemos una nueva invitada en la Blogosfera.
Pues sí amigos, y no es una persona cualquiera. Es ni más ni menos que la artífice que ha conseguido arrancarme de la silla del ordenador y animarme a hacer un poco de ejercicio. Y por contra yo he ayudado un poquito a meterle el gusanillo de los blogs. Bienvenida preciosa :)
Podría recitar laaaaaaaaargo y tendido las cualidades que adornan a esta chica pero... ¿sabeis qué?: que voy a dejar que lo descubrais vosotros mismos, que es toda una aventura hacerlo.
Su nombre: Femmenue
Su blog: A tientas y barrancas
Publicado por Earendil en 6/06/2005 01:00:00 p. m. 0 comentarios
miércoles, junio 01, 2005
Nueva cabecera
Dan-Solo, "photoshopeando" me ha hecho una imagen de cabecera nueva, y mucho más bonita que la antigua. Gracias compadre. Siento no haberme podido tomar esas cervezas contigo en Barna City, pero seguro que hay otra ocasión ;).
Publicado por Earendil en 6/01/2005 04:53:00 a. m. 0 comentarios